No se por qué…
…pero te quiero tanto como te detesto. Te quiero tanto como me haces desesperar. Quisiera que desaparecieras de mi vida tanto como quiero que te quedes para siempre conmigo. Te detesto tanto, porque eres lo mejor que me ha pasado, y lo peor que he sufrido. Te odio, porque no te tengo de la manera que quiero, y eso me hace infinitamente infeliz… tanto como me colma de alegría el sentirte cerca cuando me miras.
Odio como me haces sentir cuando me abrazas, porque puedes derribar cualquier temor y barrera existente en mi momento. Odio como tratas de alejarme cada cinco minutos y me vuelves a acercar al segundo siguiente. Odio tu risa cuando me equivoco, tanto como la disfruto cuando puedo escucharla. Detesto tocar tu cabello, que me despierta tres mil sensaciones cuando mis manos te acarician. Odio tanto tu mirada, que me adivina el pensamiento y me lo bloquea cuando no me ve.
Me molesta quererte, tanto como lo disfruto a cada instante. Me disgusta que me conozcas tan bien, que me robes las palabras cuando intento hablarte. Es desesperante. Odio que seas como yo, y odio tanto ser como tú. Odio sobremanera la calma que me infundes cuando me abrazas tan fuerte que pareciera que nuestra respiración se vuelve una sola. Es tan agradable como angustiante.
Me duele quererte tanto, porque sé que a ti no te causa dolor alguno. Me odio yo por consentirlo y hacerlo de manera pensada. Odio como me haces sentir bien. Es deliciosamente intoxicante. Odio tu boca, que se aprovecha de la mía y la castiga con su ausencia. Odio lo mucho que te odio. Odio odiarte.
Odio no poder tenerte aquí, ni poder gritar delante de ti. Odio callarte, odio sentirte, odio pensarte, odio tanto conocerte, que es cada instante más imposible no quererte.
Te odio, porque con todo esto sabes, que lo único inexistente para ti en este instante, es lo mucho que digo odiarte.
…pero te quiero tanto como te detesto. Te quiero tanto como me haces desesperar. Quisiera que desaparecieras de mi vida tanto como quiero que te quedes para siempre conmigo. Te detesto tanto, porque eres lo mejor que me ha pasado, y lo peor que he sufrido. Te odio, porque no te tengo de la manera que quiero, y eso me hace infinitamente infeliz… tanto como me colma de alegría el sentirte cerca cuando me miras.
Odio como me haces sentir cuando me abrazas, porque puedes derribar cualquier temor y barrera existente en mi momento. Odio como tratas de alejarme cada cinco minutos y me vuelves a acercar al segundo siguiente. Odio tu risa cuando me equivoco, tanto como la disfruto cuando puedo escucharla. Detesto tocar tu cabello, que me despierta tres mil sensaciones cuando mis manos te acarician. Odio tanto tu mirada, que me adivina el pensamiento y me lo bloquea cuando no me ve.
Me molesta quererte, tanto como lo disfruto a cada instante. Me disgusta que me conozcas tan bien, que me robes las palabras cuando intento hablarte. Es desesperante. Odio que seas como yo, y odio tanto ser como tú. Odio sobremanera la calma que me infundes cuando me abrazas tan fuerte que pareciera que nuestra respiración se vuelve una sola. Es tan agradable como angustiante.
Me duele quererte tanto, porque sé que a ti no te causa dolor alguno. Me odio yo por consentirlo y hacerlo de manera pensada. Odio como me haces sentir bien. Es deliciosamente intoxicante. Odio tu boca, que se aprovecha de la mía y la castiga con su ausencia. Odio lo mucho que te odio. Odio odiarte.
Odio no poder tenerte aquí, ni poder gritar delante de ti. Odio callarte, odio sentirte, odio pensarte, odio tanto conocerte, que es cada instante más imposible no quererte.
Te odio, porque con todo esto sabes, que lo único inexistente para ti en este instante, es lo mucho que digo odiarte.




