jueves 23 de julio de 2009

Lo que odio de tí


No se por qué…

…pero te quiero tanto como te detesto. Te quiero tanto como me haces desesperar. Quisiera que desaparecieras de mi vida tanto como quiero que te quedes para siempre conmigo. Te detesto tanto, porque eres lo mejor que me ha pasado, y lo peor que he sufrido. Te odio, porque no te tengo de la manera que quiero, y eso me hace infinitamente infeliz… tanto como me colma de alegría el sentirte cerca cuando me miras.

Odio como me haces sentir cuando me abrazas, porque puedes derribar cualquier temor y barrera existente en mi momento. Odio como tratas de alejarme cada cinco minutos y me vuelves a acercar al segundo siguiente. Odio tu risa cuando me equivoco, tanto como la disfruto cuando puedo escucharla. Detesto tocar tu cabello, que me despierta tres mil sensaciones cuando mis manos te acarician. Odio tanto tu mirada, que me adivina el pensamiento y me lo bloquea cuando no me ve.

Me molesta quererte, tanto como lo disfruto a cada instante. Me disgusta que me conozcas tan bien, que me robes las palabras cuando intento hablarte. Es desesperante. Odio que seas como yo, y odio tanto ser como tú. Odio sobremanera la calma que me infundes cuando me abrazas tan fuerte que pareciera que nuestra respiración se vuelve una sola. Es tan agradable como angustiante.

Me duele quererte tanto, porque sé que a ti no te causa dolor alguno. Me odio yo por consentirlo y hacerlo de manera pensada. Odio como me haces sentir bien. Es deliciosamente intoxicante. Odio tu boca, que se aprovecha de la mía y la castiga con su ausencia. Odio lo mucho que te odio. Odio odiarte.

Odio no poder tenerte aquí, ni poder gritar delante de ti. Odio callarte, odio sentirte, odio pensarte, odio tanto conocerte, que es cada instante más imposible no quererte.

Te odio, porque con todo esto sabes, que lo único inexistente para ti en este instante, es lo mucho que digo odiarte
.

domingo 5 de julio de 2009

En serio...

¿De verdad me crees tan tonta? ¡Por favor! Me subestimas… Bien me llamas princesa, mas no vivo en un cuento… probablemente sea inocente, pero no ingenua, conozco bastante de esta sobreestimada vida. ¿De verdad crees que te compro la idea? ¡Por favor! Pecas entonces tú de ignorante, y yo de exceso de actuación ante tales ideas. Y dices conocerme mejor que nadie… creo que el gato de la ventana sabe más mis verdades que tus inexistentes sentimientos hacia mí. ¿De verdad me crees cuando te hablo? ¡Por favor! Yo dudaría unas nueve veces antes de tragarme el cuento de unos labios que yo misma hubiera sellado con acre y laca.

Atiende bien: no me subestimes, soy mas fuerte de lo que crees y menos ingenua de lo que quisieras… prefiero charlar con la luna que mirar tus ojos… prefiero morir en la llama que abrazarte de nuevo… prefiero arrancarme los ojos que permitir que los veas, y prefiero mil veces morir, que vivir un solo día de nuevo a tu lado… al fin y al cabo tu secaste las lágrimas de mis ojos, no por que me consolaras, sino porque se agotaron de llorar por ti y no brotan más… al fin y al cabo debo de agradecerte que me enseñaras a ser más fuerte, más segura, más cautelosa y a pensar más en mí, antes de volver a creer en alguien como tú. Al fin y al cabo, de alguna manera, soy mejor el día de hoy.

No es reproche, te lo aseguro… se llama franqueza, se llama sinceridad, pero son dos cosas que dudo tú puedas comprender… aún así no me importa, no lo escribo por ti, lo escribo por mí… porque quiero, porque espero, porque puedo… y también, ¿Por qué no? ¡Porque juego!

Y… ¿sabes qué? Quien manda soy yo, no juegues conmigo.

Espero que aún lo recuerdes… algo olvidado en la distancia… pero yo no olvido.

jueves 4 de junio de 2009

No lo sé


¿Por qué? Te lo juro que no puedo. Es algo más fuerte que yo. Es algo quizá implícito en mi persona. Es así bien raro. Me provoca una sensación escalofriante, como la que se siente cuando un extraño toca tu espalda.
Es simple… la respuesta quizá sea más clara que la luz que se refleja en mi pared cada mañana… blanca, brillante, limpia… pero molesta. No me gusta que me despierte cuando estoy soñando. No es bonito y no sonrío. Es molesto, desesperante y frustrante.
Soy caprichosa, obstinada, consentida, aferrada… toda clase de bondades y adornos brillantes que le quieran colgar a mi nombre lo acepto. Es así. Un tanto cretina si quieren, pero qué más da.
No puedo con esto. No puedo olvidarte. No puedo dejar de amarte. No puedo.
No sé cómo.

domingo 31 de mayo de 2009

Te encuentro...


Vaya, que sorpresa… no esperaba encontrarte por aquí… de hecho no esperaba encontrarte en algún momento del resto de mi vida, consideraba el mundo lo suficientemente grande para no volvernos a encontrar… pero es lindo volver a verte, me cambias un poco el panorama.
¿Un café? Gracias… sabes que no lo acostumbro mucho, espero que no se te haya olvidado… pero te lo cambio por una charla normal y cordial entre dos personas que tienen el gusto de coincidir.
¿Qué tal estuvo tu día? Espero que todo muy bien… me cuesta un poco de trabajo entender y caer en la cuenta de que no fue ayer que dejé de verte, y no puedo evitar el tratar de iniciar una conversación de una manera común, como si justo hace unas horas nos hubiéramos despedido. Haz cambiado un poco, noto cierto toque de novedad en tu silueta… no estoy muy segura de qué es, pero de cualquier forma el azul te sigue sentando muy bien. ¿Cambiaste de corte? Mis manos aún recuerdan esa sensación de deslizarse por tu cabello, y creo que es un poco diferente ahora. Por cierto, yo sí, mira, ahora lo llevo corto y han desaparecido los rizos que me daban cierto aire de ingenuidad… la niña de los chinitos se perdió hace algún tiempo.
¿Qué ha sido de tu trabajo? A mí me ha ido muy bien, creo que no puedo tener mejores cosas qué contarte que de la gran satisfacción que siento al llegar a casa tras un agotador día de trabajo, cansada pero feliz. Me he vuelto adicta al trabajo, no sabes qué buena terapia encuentro en él… puede mantener mi mente ocupada muchas horas al día para no pensar, no sentir, y no recordar.
He aprendido mucho de la vida, ¿sabes?, incluso creo que ahora me sobran palabras para escribir, muchas más que antes, y he conocido personas extraordinarias… por cierto, la vida es extraordinaria en sí misma, me ha dado lecciones maravillosas.
¿Se vale decir que te he extrañado? De cualquier forma no pensaba pedirte permiso, es bien sabido que no acostumbro quedarme callada cuando se trata de expresar algo que siento en mi corazón… aunque te diré que me he vuelto un tanto fría, será que se me agotó la paciencia a eso de las 9:50 y no he encontrado dónde venden para reponerla. ¡Ah! Y se me terminó la condescendencia, la complacencia y todos sus derivados. Cualquier cosa me hace perder el interés en las situaciones poco afables que se me presenten.
Hablemos ahora de la vida… y de la muerte… y de todo lo que hay en medio de estas dos etapas… habría más temas que segundos junto a ti, y sería sencillo pasar el tiempo sin tocar puntos vulnerables. Quizá así debiéramos pasar el resto de nuestras vidas, en ese plano seguro, a kilómetros… en un extremo contrario.
Hay algo de duda en tu mirada, y no logro descifrar bien a bien de qué se trata, pero tengo la ligera idea de que esto puede llegar a causarme cierto conflicto… no dolor… más bien del tipo incomodidad… memoria plasmática quizá.
Las palabras fluyen de manera normal… después de todo fue mejor de lo que pensaba el sentarme junto a ti a platicar… no he titubeado, no se me ha quebrado la voz, ni mis ojos se han vuelto por lo mínimo más brillantes de lo normal… y sí, gracias, acepto el cumplido, sé que son hermosos.
¿Recuerdas? Creo que la última vez que nos vimos había todo menos tranquilidad… eso sucede cuando metes caos en el silencio, y cuando tratas de volver rosa lo gris… me dolieron los brazos de mantenerlos al frente sosteniendo mi corazón, como en ofrenda… era un poco cansado el buscar la manera de acomodarlo en manos de quien estaba frente a mí, y menos si mantenía los brazos cruzados en señal de desinterés.
Nunca había sentido la multiplicación del tiempo… cuando dos semanas se sienten como diez, y una hora parece transcurrir en la velocidad más lenta… cuando el dolor nubla la vista y una carretera puede ser tu enemigo mortal…

sábado 16 de mayo de 2009

Con...


Condescendencia… siempre tranquila, serena y en paz… siempre guardar una eterna sonrisa y una fría cordialidad que me mantenga lo suficientemente lejos de la tentación de tomar tu mano y gritarte que te odio tanto como te he extrañado. Malo si digo, peor si no lo hago… de todas formas de nada sirve permanecer detrás de la línea imaginaria que cruza la amistad incondicional a toda prueba, siempre me queda esa sensación de insatisfacción que te dice que nada es suficiente.
Un instante es un martirio mayor a una eternidad. Un instante en el que puedo ver tus ojos, tocar de nuevo tus manos, escuchar de cerca tu voz y revivir con un abrazo que más que un premio, es una tortura cuando termina, con el que me regresas la vida un minuto y me la arrancas de nuevo dejándome en espera del momento en que pueda sacarte completamente de mi vida o que mi eterno y complicado corazón pueda encontrar unas manos calidad que lo abriguen y le den un lugar especial en otra vida. No las he encontrado, creo que siempre tomo las equivocadas. Estoy feliz de saber que aún existes, y más feliz de poderlo comprobar. Estoy contenta de saberte tranquilo, y muy tranquila al sentirte contento. Estoy nerviosa por sentarme a tu lado, y curiosamente nunca había estado más tranquila en tu compañía. Estoy helada, y no es lo normal de mis manos frías, es más bien provocado por la respiración mínima y lenta que trato de mantener para no espantar la calidez de este breve encuentro. No sabes cuánto te he extrañado, más de lo que conscientemente puedo contarte, e inconscientemente puedo jurarte.
De sobra está probado que los polos iguales se repelen… a fin de cuentas la ciencia tenía razón, por más que se sueñe en color rosa, el blanco vuelve reales los puntos frágiles… el sueño de la razón produce monstruos, y el reflejo en el espejo suele moverse a la par de mis propios pasos.
Es cierto, te juro que no miento cuando digo que un día sucede que toda la sensación de ansiedad se transforma y se apaga de una manera no planeada. También es verdad cuando apuesto en el juego nuevo sobre un tablero de verdades y retos, pero ya ves que es muy simple es dejarse llevar por el impulso y voltear el tablero de un juego perfecto con un aparentemente imprudente impulso que rompe la magia de un solo golpe… aunque francamente para mí dejó extraordinarios recuerdos en mi memoria.
Sin embargo esta cuenta siempre ha sido así… una muñeca de trapo, de ojos negros y desconfiados, con la carita de eterna duda, sentada a la puerta de un absolutamente nada. Sonríe a la más mínima sombra que pasa frente a ella, con la esperanza de ser abrigada por quien la lleve a casa y le permita dormir abrazada de un cálido corazón con ausencia de miedo. Miedo… miedo… yo no conocía el miedo, yo nunca supe de su existencia hasta que se volvió parte de mi rutina, de la forma en que veo hoy el mundo, y se ha vuelto parte de lo cotidiano en mi camino.
Te juro que he tratado, y muy certeramente hay una parte de mi que no miente ni oculta su sentir, habla con sinceridad cuando agradece que sigas formando parte de su vida a la distancia, pero siempre tiene un ápice de nostalgia por extrañarte más de la cuenta. Te prometo que pido por tu vida y tu futuro todas las noches, y ruego porque tengas paz en tu mente y serenidad en tu corazón. Hago apuestas por tu felicidad y juego a cara o cruz por elegir el mejor deseo que enviar al universo para que se conceda sobre tu mundo en cada amanecer… aunque aquí en mi garganta se quedaron dos palabras ahogadas mucho tiempo atrás.
Me aparto del peligro en un momento. Porque si me quedo y te digo cuánto color y calor das a mi vida, no bastarían quinientas horas de abrazos y robarte el aliento para que entendieras, y aún así, lo único que te provocaría sería miedo y la inmediata reacción de apartarte de mi vida a voluntad, guardando un silencio absoluto que me dejaría con las manos más vacías de lo que las tengo ahora… otra vez.
Te confieso que me he acostumbrado a ello, pero tengo que aprender que por más que un deseo se anhele, no se convierte en bueno y posible lo indebido e inalcanzable. Por algo la lluvia tiene un efecto refrescante sobre la vida… por algo sucede cada instante en mi mundo.
¿Ya ves? No estaba tan muerta mi capacidad para expresarme… hay algo en mí que aún es la parte buena y noble, que tiene la adicción por expresar cada pensamiento excedido y transformarlo en letras y pequeños golpecitos contra mi corazón.
Puedo contarte con toda seguridad que pasará ahora… después de que leas estas letras, sentirás una extraña sensación de un golpe en el estómago, cerrarás los ojos y una risa nerviosa mezclada con hastío y poco entendimiento será emitida por tu boca. Quizá por 3 segundos pasará por tu mente una revolución de ideas poco comprensibles, y tras este tiempo, te aferrarás más a quien tienes a tu lado, tu realidad, tu momento, tu complemento, tu tiempo… y conmigo… conmigo todo quedará tranquilo… como debe ser… como siempre.
Y lo peor de esto, es que conmigo todo va a estar como antes, como ahora, como siempre, y probablemente como siga por mucho, mucho tiempo más. Simplemente lo digo por mí, sin pedir nada, sin esperar nada… y sin contestar nunca lo que jamás ha quedado claro y que seguirá a perpetuidad.
Con todo esto, vale la pena sentir el mundo bajo mis pies… espero muy pronto compartirlo con alguien que me explique por qué es que mis pasos dejan extrañas huellas de muchos colores...
Segura de que no habrá una sola palabra al respecto, como siempre ha sido, abrazo el aire que me rodea, esperando que te llegue un ligero roce en un momento que te recuerde cuánto es que me gusta mirar los cometas.

jueves 16 de abril de 2009

Dime...

Dime que no es verdad… dime que no es cierto… dime que es sólo un rumor malintencionado de alguien que no tiene la más mínima idea de lo que puede provocar con sus palabras…

Dime, por Dios, que no tengo por qué sentir temor alguno, y que nada de lo que suene alrededor provocará un solo movimiento en mi vida… sabes que no tengo ni la paciencia ni las ganas de sentir remolinos en mi cabeza, ya no tengo ese mismo corazón resistente de tiempo atrás…

Dime solamente que no pasa nada… toma mis manos y dime que estás conmigo… dame un abrazo y permíteme tranquilizar mi respiración entrecortada hasta que pueda ser tan sutil como un suspiro… dame ánimos, dame un toque de paciencia, dame serenidad para acallar la voz de la inquietud que susurra palabras crueles a mi oído…

Dime que no es verdad, que los esquemas son diferentes, que no voy a volver a sentir ese cruel vacío que provoca la injusta frialdad producida por el engaño… dime por favor que no es así…
Dime… dime que soy más que una intención… dime que soy más que un intento… dime que soy más que un error… dime que soy más que una duda en tu mente, y más fuerte que una mentira cruel y despiadada.

Pero dime, por favor... dime algo, que me aturde el silencio.

miércoles 15 de abril de 2009

Tazas voladoras y juegos de poder...


Me subí a las sillas voladoras con el corazón en la mano y la cabeza al revés… aunque sabía que terminaría con el estómago revuelto y unas ganas impresionantes de vomitar, no pude resistir la tentación de subir y ver el mundo revuelto por unos minutos…


Sí, llega a suceder… llega uno a sentir cierta adicción a estarse creando un cierto conflicto de manera voluntaria… el que diga que nunca lo ha vivido, es que no ha vivido realmente al límite cada momento. Un ejemplo claro de ello, es cuando metemos la cabeza en la licuadora (¡no literalmente, por Dios!), y estamos dándole quinientas vueltas a un hecho en particular, generalmente de tipo químico-sentimental con alguien que sabemos de antemano que no nos llevará a una situación sana y equilibrada… sí, de esos instantes en que nos dejamos guiar por el simple instinto de un momento, en donde las cosas nos parecen apropiadas y al día siguiente estamos que no sabemos cómo convertirnos en hormigas y desaparecer del alcance del ojo humano por un buen tiempo. No acaba uno de superar ese hecho cuando ahí vamos de nuevo como mariposa a la flama. Eso es algo parecido.


Somos tan incomprensiblemente complicados, que de las cosas más sencillas generamos la más patológica situación. Dos pasos adelante y buscamos mejor la manera de minimizar el hecho con un toque de indiferencia y un ‘no pasa nada’. No acabamos de pronunciarlo cuando sentimos esa sensación de giro en la cabeza y un súbito agolpamiento de palabras en la mente que dice ‘ya la regué’… malo para ti, malo para quien lo recibe, y malo para lo que sigue. Juego de poder… vamos a ver quién puede derribar más soldaditos.


Una sensación un tanto liberadora por no haber generado un compromiso mayor, que ni uno mismo se lo cree… maquillaje sobre el rostro para decorar la carita que dice ‘soy feliz, soy libre y vivo la vida en el instante’… buena frase para utilizarla como slogan de alguna tarjeta de crédito, o de una tienda departamental, pero no cabe dentro de la vida real. Creo que en verdad la vida se vive con diferentes matices, con novecientos sabores, y con un proyecto planeado que exige compromiso de volverlo algo importante. La vida es para tomarse en serio mientras dure, y muy a la ligera cuando termine… o al menos eso pienso ahora, a mis 30 aún ‘no comprometidos’ años.


Puedo escribir montones de ideas, que perfectamente podría sentar sobre el platillo y hacerlas girar, siempre entorno a la misma cosa, que me sigue generando bastante temor, el doble de dudas y siete veces más ansiedad por no llegar a un punto claro con mi propia mente… ya ni al caso mencionar el corazón.


Sé muy bien que no se puede cambiar lo que se ha hecho, y especialmente no se puede olvidar lo que se ha dicho, pues las palabras pronunciadas dejan una profunda huella que se arraiga más allá de la raíz de la propia mente, y además el cambiarlos no modifica el lugar a donde se ha llegado. Por más que se decore el ambiente con palabras de vida, de historias, de recuerdos y de proyectos aún sin realizar, hasta el punto de invitar a la mesa a las palabras no pronunciadas para que ocupen un lugar alrededor, llega el momento en que alguien tiene que ganar el juego, levantar la mano, señalar al otro y levantarse con las ganancias, dejando del lado contrario un dejo de frustración. Juego de poder… uno tiene que perder.


Estoy en un punto extraño… escribo, digo, expreso y sólo con esto construyo un enorme reflejo decorado con un nudo que es la imagen de mi mente. No tengo una idea muy clara de a qué punto quiero llegar, y sólo quiero creer que es un poco de agotamiento, o quizá el efecto secundario de haberme sacado el corazón para no sentir. Creo que empiezo a extrañarlo, ya me cansé de jugar, ya no me produce adrenalina el jalar el tapete que tiene la gente bajo sus pies solo para satisfacer mi ego por dos segundos.


¿Se vale decir que tengo miedo? ¿Puedo tomar prestadas palabras ajenas para decir que no se qué es lo que quiero hacer? ¿Puedo detener el vértigo en mi cabeza? No sé cómo se detiene este incesante girar, además no creo soportar mucho tiempo de pié una vez que me baje de aquí. Necesito una mano que me sostenga, necesito un abrazo que me conforte, necesito un descanso que me ayude a eliminar esa sensación de hastío por el incomprensible girar de mi entorno.


Juego de poder… alguien tiene que sufrir… yo ya me cansé de jugar, ya no me gustó… me quiero ir a mi casa. Estoy mareada… y ahora no sé cómo regresar!!